Todo pasó. Pasó en pocos dias, pasó en poco tiempo, ¿pero pasó algo de verdad? Nada, cero, negativo. Te fuistes sin despedirte, o mejor, te fuistes por la puerta de atrás. Te despedistes, sí, rectifico, pero te despedistes de la forma más nefasta, de la forma más fea que se puede hacer. ¿No te acuerdas de todo lo que pasó? ¿No te acuerdas de lo que pasó durante esos pocos minutos que podíamos hablar día a día? ¿Cuándo fue la última vez que pensastes en mi? ¿Te has conseguido olvidar de esas conversaciones? ¿Lo has conseguido? Si es verdad, te admiro, te admiro por tu valentía, por esa honradez a la hora de afrontar las cosas, por esa fuerza que tienes cuando escribes, por cómo te acercabas a saludarme, yo por mi parte, admiro la ironía que tengo al escribir estás últimas frases. Sólo quiero recordarte una cosa: te dí un gran espacio, un espacio enorme para que pensaras, intenté que no estuvieras amarrado a nada, a que fueras libre, libre como una paloma blanca volando sobre el cielo de la Toscana, sólo te pedí que fueras claro, te pedí que fueras preciso a la hora de decir las cosas. ¿No te acuerdas ya de nada? ¿Por qué no te acuerdas?
No hay comentarios:
Publicar un comentario